Una sensación extraña
- 17 abr 2018
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Era un miércoles de abril atípico. Un día que no parecía de otoño, ya que la sensación térmica rondaba los 35° y la humedad estaba insoportable. Ese día yo llegué de cursar en la facultad alrededor del mediodía, volví apurado porque a la mañana bien temprano en el noticiero anunciaban salir con paraguas si volvías a tu casa a la tarde porque pronosticaban lluvia y caída de granizo, y por supuesto que yo paraguas no tenía. Además si hubiera tenido tampoco lo hubiera llevado porque según dicen, abrir un paraguas bajo techo trae mala suerte y ni en pedo me iba a arriesgar a que en un momento de distracción lo haga justo ese día que jugaba mi equipo, la Juventus, contra el Real Madrid por los cuartos de la Champions League, a ver si los mufaba a los muchachos.
Como verán, ese día no era normal. Había algo que no me dejaba de perturbar, Pero bueno, cuando me levanté no tuve tiempo de ponerme a reflexionar semejante pelotudes que me rondaba por la cabeza o sino llegaría tarde a todos lados, y si encima de llegar tarde daba como excusa que me quedé reflexionando sobre una sensación extraña todos se darían cuenta de lo que realmente soy, pero a veces trato de esconder, ni más ni menos que un pelotudo.
Pero ojo eh, que no soy cualquier pelotudo común y corriente. Yo siempre pensé que en lo que hagas te tenés que destacar, diferenciarte, entonces desde el primer momento que me di cuenta lo que soy, me propuse como meta principal destacarme, y creo que lo logré.
Les cuento, tengo 21 años y soy un bicho raro. No tengo redes sociales, a diferencia de lo que pueden pensar muchos sobre un chico de mi edad, ni teléfono celular. Con mis viejos me comunico a través del teléfono de línea o sino me tomo un bondi que en dos horas me deja cerca de donde viven. Tampoco miro los shows que pasan por televisión, el último recuerdo que tengo mirando TV ya comienza a distorsionarse en mí memoria. Hasta hace unos años leía los diarios, pero ahora con lo caro que están se me hace imposible y prefiero gastar mi sueldo en comprar comida para subsistir. Así que lo único que hago para informarme es escuchar la radio, en un equipo viejo que tengo que me regalo mi papá pero que para que arranque hay que enchufarlo y darle unos buenos golpes hasta que agarre.
Volviendo a lo importante, les decía que ese día presentía algo raro, pero por razones que ya mencioné hice lo mismo que todas las mañanas, levantarme, desayunar, prepararme y tomarme el subte rumbo a la facu. A la 1 de la tarde termine la cursada del día y otra vez al subte para volver a casa, ya pensando en el partido de la tarde por la Champions. No les conté pero soy muy futbolero, e hincha de la Juventus como mi abuelo que se vino de Italia y me transmitió la pasión.
Una y cuarto ya estaba en mi casa. Abrí la heladera y culpa de la crisis financiera que les mencioné antes, estaba vacía. Entonces a lo único que atiné fue prepararme un guiso con lo poco que había, o sea, una papa y una batata, un trozo de carne y un poquito de tuco frizado que mejor no recordar la fecha en que lo había preparado porque sino habría optado por no comerlo.
Almorcé rapidito, lavé las pocas cosas que había usado, enchufé la radio, la agarré a patadas hasta que sintonizó y me senté a escuchar la previa del partido del Real Madrid- Juventus en un balde que usaba como silla cada vez que me visitaba un amigo porque recordé que ahí estaba sentado el día que coronamos el cuarto Scudetto consecutivo en la temporada 2015-2016. Era primordial estar atentos a todos los detalles para ganar el partido.
Se acercaba la hora y mi nerviosismo se acrecentaba. Repasé formaciones, estadísticas, historial, una, dos, tres y hasta cuatro veces para dejar de pensar un poco en esa sensación extrañaba que sentía desde la mañana temprano y que crecía al ritmo de mis nervios. Pero mientras me ponía al tanto de los detalles del partido que daban en la radio y yo escribía en una hoja, me di cuenta que cometí un error al prestarle atención al nombre del árbitro.
Michel Oliver sería el juez y eso no me gustó para nada. No porque tenga algo personal con él, al contrario, aunque sea inglés no le guardo rencor, pero lo que si recordaba, era a él dirigiendo un clásico entre Manchester City y el United donde según dicen los que lo vieron, no cobró un claro penal de Demichelis a Rashford. Eso me trajo mala espina y a partir de ahí lo único que pasaba por mi cabeza era una sola frase: nos van a tirar al bombo.
Trate de hacer cualquier cosa para sacarme de la cabeza ese pensamiento, porque lo que uno piensa muchas veces se hace realidad, o al menos eso me hizo creer mi cultura cabulera. Sin embargo, no pude despejar la cabeza y esa idea rondó todo el tiempo. Por supuesto, que se fue disipando a medida que llegaron los goles.
La adrenalina me invadió el cuerpo cuando llegó ese bendito cabezazo de Mandzukic que me dio la pauta que se podía lograr la hazaña. Ganar tres a cero para ir a los penales era posbile. Y ni hablar cuando llegó el segundo del croata, me provocaría un estado hiperquinético en el entretiempo donde lo único que hacía era pensar posibles jugadas para poder marcar los goles restantes. Parecía que había entrado en un estado de trance y me creía sentado en una de las gradas del Bernabeú. No me juzguen, ya dije que soy un pelotudo.
En el segundo tiempo, el gol de Matuidi meritaba salir a gritarlo con alma y vida a la vereda y eso hice. En ese momento me di cuenta que lo que pronosticaba el noticiero de la mañana se cumplió, llovía torrencialmente y caían pequeños granizos. De repente, luego de que se me pasó la euforia del gol vi un relámpago en el cielo y se escuchó como cayó un potente rayo que pareció partir la tierra en dos. Automáticamente, todo el barrio se oscureció y al volver a entrar comprobé lo peor, se había cortado la luz.
Lo peor de todo es que no solo se cortó la luz y no me dejaba seguir escuchando el partido sino que se me había quemado la radio. En medio de la humareda que largó el cacharro viejo ese, agarré el teléfono y marqué el número de la empresa que me brindaba el servicio de electricidad para informarles en medio de un derrumbe de insultos que me debían pagar un equipo nuevo.
En medio de la bronca que me recorría por las venas y con la certeza de que no volvería la luz hasta el día siguiente, me fui a dormir la siesta a las 5 de la tarde. O a tratar de dormir, porque me lo pasé imaginando el posible final del partido.
Al otro día volví a madrugar como de costumbre pero algo había cambiado en mí. Ante la desesperación por conocer el resultado del partido, agarré mis cosas y salí en busca de algún lugar donde pueda usar una computadora para poder fijarme como había terminado todo. Y cuando hablaba de ese cambio me refería a que por primera vez en 21 años iba a usar una computadora. Ahí creí entender la sensación extraña del día anterior.
A unas 20 cuadras de la facultad, encontré un cyber y me sorprendí al ver que todavía existen. Entré, pedí una compu y me senté. Luego de debatir interiormente sobre dónde buscar el resultado del encuentro, y como una forma de volver a mi antiguo pasado de lectura de diarios, decidí en buscar uno por internet.
Sin embargo, antes de ingresar a los portales argentinos me detuve a pensar que estaba frente a una oportunidad única, como es la de poder ver un diario de cualquier parte del mundo. Por eso tipié el nombre de un diario que había escuchado una vez en un programa de radio. Abrí el primer enlace que me apareció pero no me dejaba leer debido a no sé que excusa de que tenía que suscribirme. Frustrado con mi incursión tecnológica, cuando estaba por levantarme para irme, vi que en un costado en chiquito aparecía la tapa del día.
Aliviado, me desplomé en la silla sonriendo. Traté de leer el título como pude, el diario decía SPORT, más abajo, el título principal decía “El robo del siglo”. Ahí comprendí todo. Un diario español titulaba así el partido. Cuando hablan de robo, generalmente hacen referencia al árbitro. Este ya tenía antecedentes. Todo cerraba. Mis sospechas con Oliver habían sido en vano, porque bombeo al Real y no a la Juve. Con una alegría inmensa, cerré las pestañas, pagué y me fui caminando tranquilo a la facu. En la esquina me detuve, me di cuenta que todavía tenía ese presentimiento extraño del día anterior pero no le dí importancia y seguí mi camino. La Juve había ganado, estaba en semifinales y yo, a pesar de todo, tan pelotudo no era…
Javier










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